Otro día mas, estaba deseando que cayera la noche. Me quedé despierta hasta la madrugada, ya que era a la hora a la que nos gustaba hablar, y esperé a que, otro día mas, aquel mensaje que, aunque él no lo supiera, era muy importante para mí. Pero ese día no me habló, pasaron las 3 de la mañana, y no me llegaba ese puñetero mensaje. Y adiós a nuestra extraña costumbre de hablar tan tarde, de solo poder decir tonterías del sueño que teníamos, pero sin irnos a dormir, aguantando cada vez más tarde para poder seguir hablando.

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